Bitácora del capitán Castor #9

Bitácora del capitán Castor #9

El Castor Histórico

Bitácora de búsqueda #9

Internet, la frontera final. Estos son los viajes del Castor Histórico. Su continua misión: explorar la historia del periodismo. Buscar información, viajando donde ya muchos otros han llegado antes.

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El capitán Castor y su equipo han trabajado sin parar, ahora en una carrera contra el reloj. Un agujero negro atenta contra la investigación que tiene lugar en el tronco espacial, pero algo les dice que su esfuerzo no será en vano.

A lo largo de estas bitácoras les hemos relatado cómo ha sido la experiencia de investigar sobre la historia del periodismo en Colombia. En ocasiones las fuentes de internet son insuficientes o en otras (dependiendo de la búsqueda) son demasiadas y corresponde delimitar la búsqueda y revisar bien entre todo el material encontrado. Nuestra búsqueda ha estado llena de emociones fuertes ocasionadas por inconvenientes tecnológicos,  una indisposición de tiempo por un sinfín de ocupaciones relacionadas al estudio y porque en ocasiones trabajar en equipo no es tan sencillo. Pero el equipo de El Castor Histórico ha logrado sus objetivos.

Estudiar a grosso modo la historia del periodismo en Colombia nos da permite entender lo politizados que con o sin querer se encuentran los medios (y se han encontrado) en Colombia.  El Espectador nos sirvió por ser un emblema, un caso representativo de la historia de la prensa donde casos de censura, oposición por parte del gobierno, de la iglesia y luego bajo amenazas de grupos del crimen organizado han tratado de poner una mordaza en la voz de periodistas, en la voz de la verdad. Pareciera que el periódico objeto de nuestra investigación siempre encuentra la manera de ponerse de pie y seguir trabajando.

Los lectores deben pedir periodismo serio, un contenido de relevancia a los medios, si quieren vivir en una sociedad más justa.  Esperamos que nuestra labor en El Castor Histórico sea apreciada por los lectores.

El capitán Castor seguirá transitando por la estratósfera interconectada, sobre su tronco espacial para traer información de primera calidad sobre el periodismo, la historia para una sociedad de valientes como nuestro Castor Histórico.

El Espectador siempre vuelve a estar de pie.

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El diario El Espectador es uno de los más antiguos e importantes de Colombia. A lo largo de su historia, este periódico ha enfrentado un sin número de vicisitudes, persecuciones y casos de censura que han amenazado su permanencia como medio de información en el país; sin embargo, ha logrado sortear con éxito los obstáculos, construyendo una imagen que lo define como un diario crítico, imparcial y digno de credibilidad.

El Espectador nació en la ciudad de Medellín, en Antioquia, el 22 de marzo de 1887, fecha en que lanzó su primer número. Su fundador, Fidel Cano, era un intelectual con ideas liberales, que ya desde su juventud había ejercido el periodismo como oficio, en el diario La Palestra, donde publicó varios ensayos científicos y literarios. Había incursionado también en los mundos político y académico: fue diputado a la Asamblea de Antioquia y Rector de la Universidad de Antioquia a partir de 1881.

Convencido de la importancia de la prensa como difusora de ideas políticas y emblema de las libertades políticas, Fidel Cano fundó El Espectador y lo definió en el primer número publicado como “un periódico político, literario, noticioso e industrial” (El Tiempo, 2007). Aunque no existen registros históricos que lo confirmen, la anécdota familiar de los Cano cuenta que el fundador del diario El Espectador tomó el nombre de un periódico francés en el cual prestaba su colaboración el reconocido poeta Víctor Hugo, por quien Cano sentía una profunda admiración. En sus orígenes, el periódico utilizó un formato de cuatro páginas de un cuarto de pliego: en la primera página se publicaban avisos de propaganda comercial y en las páginas restantes aparecían las informaciones noticiosas. El tiraje inicial del periódico era de 500 ejemplares que circulaban los días martes y viernes de cada semana.

Tan sólo unos meses antes de la puesta en circulación del primer número de El Espectador, había sido aprobada en Colombia la Constitución de 1886. Era la época de la llamada “Regeneración”, bajo el gobierno conservador de Rafael Núñez, quien comenzaba a implementar un proyecto político que buscaba contrarrestar los efectos de las políticas liberales radicales propias de los gobiernos anteriores, conocidos como el Olimpo Radical. En un país profundamente dividido, con fuertes liderazgos regionales que no reconocían autoridad nacional alguna, y donde el poder era ejercido por un pequeño grupo político que no daba cabida a otras corrientes ideológicas, la Regeneración surgió como un movimiento de cambio que pretendía restaurar la unidad nacional y dar participación política a grupos anteriormente excluidos, para eliminar así el conflicto entre los partidos liberal y conservador.

Sin embargo, los gobiernos de la Regeneración adoptaron una tendencia a la intolerancia política que no tardó en repercutir en la libertad de prensa. Inclusive, el artículo 42 de la Constitución de 1886 rezaba: “… la prensa es libre en tiempos de paz”. No es necesario explicar que este artículo se prestó a un sinfín de interpretaciones que hicieron posible no sólo implementar la censura como una política gubernamental, sino también justificarla en nombre de la paz. A esto se le sumó en 1888 una ley que “autorizaba a imponer confinamiento, expulsión, prisión o pérdida de derechos políticos a los opositores del gobierno” (IPS, 2007). De manera que en el momento en que nace El Espectador, Colombia se encuentra bajo una hegemonía conservadora impositiva, que cercena libertades y no ve con buenos ojos el ejercicio de la libertad de opinión. Sin duda alguna eran momentos difíciles para la prensa libre colombiana.

En sus inicios, la historia del diario El Espectador también estuvo marcada por una relación conflictiva con la Iglesia Católica, que ejercía una posición social preponderante en la época. En 1888, a raíz de un artículo publicado en uno de los primeros números del diario, que criticaba la fastuosidad de la Iglesia en la organización de las celebraciones religiosas, el entonces obispo de Medellín declaró pecado mortal la lectura de El Espectador. Como resultado, numerosos lectores tomaron distancia del periódico.

El Espectador fue objeto de numerosos cierres y multas por desarrollar un periodismo crítico y de opinión, contrario a las ideas de los gobiernos conservadores. Apenas tres meses después de su lanzamiento, el 8 de julio de 1887, el periódico fue clausurado por el gobierno de Núñez, que lo consideró subversivo, y no volvió a circular sino hasta el 10 de enero de 1888, amparado por el reciente decreto sobre libertad relativa de prensa.  Más tarde ese mismo año, ocurrió un nuevo cierre, esta vez por mano del presidente delegado Carlos Holguín. Aunque la prohibición de publicación era de sólo seis meses, el periódico no pudo reanudar su circulación sino hasta el 12 de febrero de 1891. En agosto de 1893, por mandato del gobernador de Antioquia, Abraham García, el periódico fue cerrado nuevamente, esta vez con la detención de Fidel Cano, quien fue puesto en prisión durante casi un año.

Tres años más tarde, en marzo de 1986, el periódico vuelve a aparecer para enfrentar dos nuevas clausuras, una en junio de ese mismo año, y otra en octubre de 1899, cuando se vio obligado a cesar sus actividades por la Guerra de los Mil Días. Después de cuatro años sin circular, El Espectador volvió a ser editado, pero a finales de 1904, bajo el gobierno de Rafael Reyes, fue cerrado de nuevo por razones de índole política. Este fue el período de cierre más largo que tuvo que enfrentar el periódico, que se prolongó durante casi nueve años, desde 1904 hasta 1913 cuando reapareció renovado: ahora en gran formato y de circulación diaria. Posteriormente, en 1915, empezó a circular simultáneamente en Medellín y en Bogotá, en horario vespertino.

Tras la muerte de su fundador Fidel Cano, ocurrida en 1919, el diario El Espectador se consolidó como una empresa familiar, ya que la dirección del periódico recayó en manos de Gabriel Cano, hijo del fundador, y hasta entonces codirector del periódico. Mientras tanto,  Luis Cano, otro de los hijos del fundador, manejaba la edición bogotana del periódico. Comenzó así una época de fortalecimiento del diario, que comenzó a ganar prestigio en la capital, hasta el punto en que en 1923, se canceló la edición de El Espectador en Medellín y Gabriel Cano se trasladó a Bogotá para dirigir junto a su hermano la edición capitalina.

La segunda mitad del siglo XX trajo para El Espectador un nuevo desafío: la dictadura del General Rojas Pinilla. Ante el régimen dictatorial, el periódico asumió una actitud de oposición frontal, lo que le costó grandes cantidades de dinero en multas impuestas por el gobierno y una suspensión indefinida en febrero de 1956. En su lugar comenzó a circular un periódico de nombre El Independiente, que se mantuvo hasta 1958, año en que El Espectador reapareció, cambiando su horario vespertino por uno matutino.

La década de los 80 marcó el inicio del declive del periódico, principalmente por causas económicas. La investigación sobre el manejo de las acciones del Grupo Grancolombiano, emprendida por el diario, trajo como consecuencia funesta el retiro de la pauta publicitaria por parte de este grupo financiero. El Espectador había perdido a uno de sus mayores anunciantes, lo que le trajo grandes desequilibrios económicos. En medio de las dificultades económicas, el diario no abandonó la lucha por sus ideales, al contrario emprendió la batalla contra uno de los problemas más grandes del país: el narcotráfico. De esta lucha se desprenden dos acontecimientos que golpearon seriamente al periódico y determinaron la crisis económica a la que tendrá que enfrentarse un par de años después. Estos acontecimientos son: el asesinato del entonces director Guillermo Cano por sicarios del Cartel de Medellín, y la explosión de un carro bomba en la sede del periódico que daño seriamente las instalaciones y dejó un saldo importante de heridos.

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Las dificultades mencionadas culminaron con el colapso financiero del periódico en 1997, cuando la familia Cano tomó la decisión de vender El Espectador al grupo empresarial Santo Domingo. En el año 2000, por los escasos recursos económicos con que contaba, El Espectador pasó a ser semanario, y se mantuvo como tal hasta el 11 de mayo de 2008, cuando retomó su circulación diaria con un nuevo formato tabloide europeo más colorido, y bajo la dirección de Fidel Cano Correa, bisnieto del fundador del periódico.

En la actualidad, El Espectador se ha posicionado como uno de los diarios más importantes del país, competidor principal del periódico El Tiempo, y ampliamente reconocido a nivel nacional e internacional por su imparcialidad y su línea editorial crítica, orientada a la búsqueda de la verdad y la defensa de los derechos civiles. En la actualidad, el diario El espectador cuenta con una cifra aproximada de 1.850.400 lectores, y la tendencia es a un incremento continuo de la audiencia.

Es innegable que el periódico El Espectador es una publicación ejemplar: desde sus orígenes ha sabido mantener una tradición de justicia y búsqueda de la verdad. No sólo realiza investigaciones en profundidad, sino que da espacios para la diversidad de opiniones y géneros que llenan el país sin ser fácilmente tomados en cuenta. Por otra parte, el pie de lucha y el empeño en la denuncia de la violencia y la corrupción, son rasgos admirables del diario, que se ha mantenido fiel a sus convicciones e ideología, sin importar las presiones, dificultades o amenazas que le rodean. En sus 125 años de trayectoria, El Espectador ha sido una publicación insigne, imparcial y neutral, siempre en defensa del país y de los valores de la trasparencia, la honestidad y la verdad, tan necesarios para construir una nación más justa, igualitaria y próspera.

Fuentes:

·         El Espectador (2009) Cada día nos leen más. Recuperado el 20 de abril de 2012, dehttp://www.elespectador.com/noticias/actualidad/articulo141956-cada-dia-nos-leen-mas

·         Revista Semana (2008) El Espectador Diario. Recuperado el 20 de abril de 2012, dehttp://www.semana.com/confidenciales/espectador-diario/111133-3.aspx

·         Ospina. J. (1977) Historia del periodismo antioqueño. Repertorio Histórico de la Academia de Historia Antioqueña. Volumen 31, N° 228. Recuperado el 20 de abril de 2012, de http://biblioteca-virtual-antioquia.udea.edu.co/pdf/15/15_692338119.pdf

·         El Tiempo (2007) El Espectador, 120 años después. Recuperado el 20 de abril de 2012, dehttp://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-2420491

Bitácora del capitán Castor #8

Bitácora del capitán Castor # 8

El Castor Histórico

Bitácora de búsqueda #8

Internet, la frontera final. Estos son los viajes del Castor Histórico. Su continua misión: explorar la historia del periodismo. Buscar información, viajando donde ya muchos otros han llegado antes.

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Luego de una ardua y muy densa investigación sobre los orígenes, la evolución histórica, las vicisitudes y dificultades, los logros destacados, y la ideología que se esconde detrás (y a veces no tan escondida) del diario El Espectador, descubrimos que hemos crecido en aprecio y valoración por el periódico que escogimos como objeto de nuestro estudio. Queremos a El Espectador.

No hacen falta más que unos cuantos artículos leídos concienzudamente para darse cuenta de que El Espectador es un periódico cuya labor consiste en una búsqueda continua de la verdad, en una incesante denuncia de la injusticia, en una defensa acérrima de la igualdad. Durante la investigación sobre la historia del diario, nos topamos con hechos tan injustos como la continua censura de los gobiernos conservadores de la Regeneración y más tarde de la dictadura militar del General Rojas Pinilla, y otros hechos tan duros como el asesinato del director Guillermo Cano y la explosión de una bomba en la sede del periódico, ambos hechos responsabilidad de los carteles del narcotráfico.

Esta información nos conduce inevitablemente a un serio proceso de reflexión sobre la violencia, la justicia, y sobre lo que significa servir a la verdad en un país donde la vida no parece considerarse en su justo valor de derecho fundamental e inviolable.

Dos investigaciones históricas que consultamos, una de Conrado González y otra de Jorge Ospina, ambos de la Academia Antioqueña de Historia, recogen los hechos históricos que marcaron la evolución y trayectoria del periódico, pero difícilmente pueden abarcar la significación social de un diario cuyo director perdió la vida por cumplir con una responsabilidad que consideraba un deber íntimo e intransferible. Y lo mismo sucede con otras fuentes consultadas, como un artículo del periódico El Tiempo, que narra con lujo de detalle la trayectoria de su contrincante, pero se queda en lo históricamente comprobable, sin ofrecer una visión más allá de los datos y las fechas que componen la línea del tiempo de El Espectador.

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Le corresponde entonces al equipo de El Castor Histórico aventurarse a la necesaria reflexión sobre el significado de un periódico como el Espectador en un país con las características de Colombia. Así, creemos que El Espectador es una voz de denuncia en contra de las injusticias, vengan de donde vengan; una referencia de imparcialidad y neutralidad que no se somete a presiones políticas de ningún tipo; un ejemplo vivo de que sí se puede combatir la violencia sin violencia, y de que sí se puede construir país desde algo tan sencillo como una pluma y un tintero.

Bitácora del capitán Castor #7

Bitácora del capitán Castor #7

El Castor Histórico

Bitácora de búsqueda #7

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El capitán Castor ha cruzado ya muchas lunas, esquivado baobabs y encontrado tesoros. Ahora, ante la reseña crítica ha hecho un esfuerzo nada típico en un castor para construir la pieza que pronto estará disponible para los lectores de El Castor Histórico.

El equipo de El Castor Histórico ha tenido problemas para seguir las titánicas jornadas del capitán Castor, las innumerables tareas de la universidad hacen de la investigación, de El Castor Histórico, una hazaña épica. La investigación ha avanzado después de varias tertulias en torno a los artículos publicados a propósito del aniversario del periódico El Espectador. Hemos encontrado que El Espectador ha sido uno de los periódicos que siempre ha luchado por la libertad de expresión y en un entorno hostil por el contexto político de división que vivía el país, también tuvo disputas serias con la iglesia que le costó una considerable baja en la lecturabilidad que generaba el periódico.

En conversiones dentro del equipo de El Castor Histórico hemos llegado a pensar que quizás hubiese sido más beneficioso para la sociedad que la prensa hubiese tenido mayor libertad, y menos papel dentro de ataques político-ideológicos. Nuestra indagación nos deja impresionados al ver lo difícil que ha sido desarrollar, hacer y defender la labor periodística en el suelo colombiano. Nuestro diario escogido El Espectador ha desaparecido y reaparecido en múltiples ocasiones. Y en una ocasión estuvo cerrado casi nueve años, de 1904 a 1913. Cuando reapareció, lo hizo en un formato distinto. Estos hechos nos impactan mucho y nos hablan de lo importante que es seguir en la labor y hacer periodismo. No es por azar que en las dictaduras los medios de comunicación son cercenados y que en las democracias existe el periodismo de investigación y denuncia.

Desarrollar este texto nos ha permitido ver lo compleja e importante que es la labor del periodista. Sin duda alguna evidenciamos que nuestra elección de investigar sobre El Espectador es una decisión acertada pues nuestra motivación inicial era tomar un periódico representativo de la historia del periodismo en Colombia. Hasta ahora cada búsqueda, artículo o conversación que tenemos sobre el periódico nos acerca a lo cruda y politizada historia que ha atravesado el periodismo en Colombia.

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El capitán Castor es el emblema de un ser incansable que estará defendiendo la verdad y trabajando duro por sus lectores que se acercan con ánimo de leer qué ha averiguado a lo largo de sus viajes por la estratósfera interconectada.

Bitácora del capitán Castor #6

Bitácora del capitán Castor #6

El Castor Histórico

Bitácora de búsqueda #6

Internet, la frontera final. Estos son los viajes del Castor Histórico. Su continua misión: explorar la historia del periodismo. Buscar información, viajando donde ya muchos otros han llegado antes.

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El capitán Castor ha seguido navegando en su tronco llegando a nuevos espacios nunca antes vistos… …por un castor.

Pronto el capitán Castor estará desarrollando junto a su equipo una reseña crítica del medio escogido. El Espectador, será revisado desde sus orígenes hasta el contexto histórico en el que se ha hecho. Para lo que retomamos con mayor entusiasmo la lectura del diario. Fuimos a puntos de venta de prensa, compramos ediciones, ahora semanalmente, y  lo hemos estado leyendo y vinculando el estilo del diario con el que comenzó hace ciento veinticinco años (de acuerdo a la investigación que comenzamos en torno a la historia del periódico).

El 22 de marzo de 2012 se celebraron los 125 años de EL ESPECTADOR y el periódico lanzó una edición especial en la que desarrolla mucha información sobre el periódico; sus orígenes y por las pruebas que ha tenido que pasar para llegar al día de hoy. También El Tiempo dedicó un espacio de su diario a El Espectador y a su vez, conseguimos información en el portal oficial de Inter Press Service, una agencia de noticias importante del mundo dedicada a la cobertura de temas de desarrollo, derechos humanos y sociedad civil.

El capitán Castor encontró mucha información relacionada a los obstáculos que ha encontrado El Espectador y ahora puede entender la labor que ha tenido este diario defensor de la verdad. Es cierto que tuvimos mucha suerte por haber desarrollado el blog en vísperas del aniversario de El Espectador, pues los medios dedicaron ese espacio para hablar de la historia del periodismo desde el diario de 125 años de edad.

Al capitán Castor y a nosotros (su equipo) nos ha tomado tiempo digerir toda la información. También la hemos complementado con todo el contexto desarrollado por nuestro profesor de historia del periodismo, y en nuestra opinión hemos podido comprender mejor y aclarar el contexto en el que se desarrollaron los hechos para El Espectador, en torno a unas tazas de café. Un poco como en los inicios de la prensa, sino la lectura pública, entonces comentando en la chicherías lo que aparece en los diarios solo que en este caso bajo el liderazgo del incansable capitán Casto que seguirá volando en su traje espacial para traer nueva y mejor información.

Bitácora del capitán Castor #5

Bitácora del capitán Castor #5

El Castor Histórico

Bitácora de búsqueda #5

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El Castor Histórico ha estado rastreando colegas, interesados por la historia del periodismo. No es divertido navegar solo sin compañeros que divulgan y producen información para la comunidad de la estratósfera interconectada

Durante los últimos días hemos estado leyendo otros blogs relacionados con la historia del periodismo. El objetivo es conectar la información, hacerla visible y hacer un ejercicio de análisis expresado en comentarios extensos sobre la información percibida. Nuestra búsqueda ha tenido lugar en la red, hay muchos blogs. Aquí el problema es el contrario; no es que no haya información, es que hay mucha y hay que ser precisos.

El Castor Histórico pretende poder aportar otra serie de blogs con entradas interesantes. Hemos encontrado entradas interesantes relacionadas con los orígenes de la prensa en Colombia, asuntos relacionados con el papel de la prensa en torno a temas como la libertad de culto anunciada por los liberales. Pero lo más interesante ha sido que en distintos blogs encontramos que los análisis apuntan en una misma dirección. La prensa en Colombia siempre caminó de la mano con la política. Nació para jugar un papel no tan beneficioso porque su poder de influencia ha acercado a la población a peligros donde las disputas van más allá de las palabras.

En esta oportunidad no encontramos inconvenientes relacionados con nuestra infraestructura o herramientas para realizar nuestra investigación, por el contrario nos pareció entretenido hacer nuestra búsqueda con la ambientación apropiada. Al ver que las lecturas arrojaban que la prensa ha funcionado en parte como un arma, nos pareció apropiado ambientar la lectura con la Heroica de Beethoven y la Rapsodia Húngara de Liszt. De la mano de estos compositores clásicos no animamos y escribimos nuestros comentarios, reseñas sobre los artículos encontrados en la red. Al mismo tiempo nos preocupamos de anexarles imágenes relacionadas con los temas tratados para dar un atractivo estético a nuestras entradas

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Logramos reseñar cinco blogs, de entre los cuales nuestro favorito fue el de los colegas de quienfuera.blogspot.com por su capacidad de síntesis y uso ameno del lenguaje.

El Castor Histórico seguirá contándonos sus viajes por la red y con qué obstáculos o atajos se encuentra para la construcción de su blog.

Bitácora del capitán Castor #4

Bitácora del capitán Castor #4

El Castor Histórico

Bitácora de búsqueda #4

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El Capitán Castor ha sufrido ciertos daños en la coraza de su tronco con el cuál viaja a lo largo de la estratósfera interconectada, sin embargo ha hecho un esfuerzo por conseguir el resto de los videos relacionados con la historia del periodismo.

El equipo sufrió una catástrofe que de acuerdo con nuestra tradición del realismo mágico debe ser por no haber rezado un padre nuestro adicional o quizás por haber dejado la ventana de la habitación mucho tiempo abierta. Los dos computadores con los que cuenta el equipo del Castor Histórico han sufrido daños. Uno de ellos ahora ha pasado de ser un computador de poca monta a un excelente pisa papeles. En medio del torrente emocional, una integrante del Castor Histórico expresó sus ganas de lanzar el computador (el actual pisa papeles) por la ventana, pero finalmente desistió. El otro motor de la maquinaria tiene arreglo pero nos tomará unos días.

Por eso recurrimos a las instalaciones de nuestra apreciada universidad para continuar la búsqueda desde allí. Esta vez tuvimos más problemas, el buscador no estaba siendo suficiente para conseguir nuestros preciados videos. Una amiga recomendó que hiciéramos uno en casa, pero no nos convencía la idea. Aún no teníamos suficiente información recolectada como para producir un buen material y la universidad no daba tregua como para dedicar unas buenas horas a la producción de un audiovisual.

No fueron buenos días. Habíamos perdido dos computadores y uno no volvería. La búsqueda se estaba complicando y debíamos preparar la información con velocidad. En medio de la incertidumbre comentamos a un amigo que nos preguntó “¿Cómo están?” y nosotros le contamos la tragedia. Nuestro amigo respondió con una carcajada y dijo que estábamos ahogándonos en un vaso de agua. Nos dijo que podríamos encontrar videos realizados por otras universidades que hayan realizado investigaciones como la nuestra. Así que tomamos el consejo y realizamos una búsqueda más precisa.

Reanudando nuestra investigación, nos topamos con un video excepcional que mezclaba música con historia del periodismo en Colombia. Sin embargo como no queríamos que nuestro Castor Histórico se volviera un Castor Rapero, recurrimos a las enseñanzas de Toto y Alfredo de Cinema Paradiso y dividimos el largo programa en dos videos con una importante información sobre el desarrollo de la prensa en Colombia.

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A pesar de los asteroides en el camino del capitán Castor Histórico y su equipo, lograron salir adelante con un buen material para aquellas mentes ávidas en busca de conocimiento